CONOCERSE

Una vez me dijeron que en el mundo de hoy, con el ritmo de vida que tenemos y tantas posibilidades a nuestro alcance, no nos conocemos realmente. No deja de ser paradójico: cuanto más podemos menos lo hacemos.

Si lo pienso despacio, me doy cuenta de que es verdad. Nunca tenemos tiempo para nada: estamos ocupados con mil cosas excepto con la única verdaderamente importante, que es conocernos a nosotros mismos.

Esto es porque no sabemos pararnos y estar a solas, no sabemos escuchar el silencio —que siempre dice cosas si se escucha. Preferimos cualquier distracción con tal de no enfrentarnos a nuestro propio yo. Tenemos miedo.

Y es lógico, detenerse en silencio implica quitarse todas las preocupaciones y orgullos del día a día, que crean una falsa imagen ensanchada de lo que somos.

Detenerse significa enfrentarse a uno mismo, esto es, despojarse de todas esas capas que nos “protegen” y ver lo que realmente somos, esa semilla minúscula, mucho peor de lo que aparentamos pero definitivamente verdadera.

Detenerse significa, también, aceptarse como lo poco que somos. Es decir, humillarse ante uno mismo, por eso requiere una gran humildad.

Aparte de despojarte de las cosas mundanas que desdibujan tu imagen, y de ser consciente de lo poco que eres y aceptarte, detenerse requiere pedirse perdón a uno mismo por haber sido cobarde. A partir de ahí hay que ver de lo que es uno capaz y de lo que no, y luego crecer, pidiendo ayuda y confiando en los demás.

Como el silencio implica todo esto, que no es agradable, es lógico que nos distraigamos con cualquier cosa poco importante, nos creamos que estamos demasiado ocupados y, finalmente, no nos conozcamos.

Lo dramático de esto es que conocerse es lo más importante que podemos hacer, porque sólo se ama lo que se conoce, y si no te conoces no te puedes amar, y si no te amas no puedes ser feliz. Otra vez: sólo se ama lo que se conoce, y si no te conoces no te puedes amar, y si no te amas no puedes ser feliz. Precisamente porque para ser feliz hay que conocerse a uno mismo, conocerse es lo más importante que tenemos que hacer. Que lo urgente no nos quite lo importante.

Señor, haz que me dé cuenta de qué es lo importante. Haz que sepa agradecerte cada día que me hayas hecho libre, que me hayas dado tantas posibilidades. Que no me crea mejor de lo que soy, y que todo lo bueno que tengo sepa ponerlo a tu servicio. Te pido que sepa disfrutar, que no sea viejo sino siempre joven, que esté vivo. Disfrutar de las pequeñas cosas, hacer extraordinario lo ordinario. Señor, que me conozca y que te conozca a ti, veo a quienes te han encontrado de verdad y quiero ser así. Si alguna vez tengo dudas, que me acuerde siempre de este consejo que me dieron una vez: “No pierdas el tiempo pensando si amas a Dios; vive como si lo amaras y, al cabo del tiempo, lo amarás”.

Disfrutar de todo y sonreír, eso quiero, Señor. Así seré humilde, pensaré en los demás, y sabré enfrentarme a mí mismo y conocerme. Sonreír por defecto y no de forma excepcional. La vida es maravillosa, venga como venga, ¡eso ya es suficiente motivo para sonreír! Vivir significa tomar consciencia de que eres humano. Y ser humano —ser es un verbo, una acción— significa tomar consciencia de que eres un ser elevado, capaz de la Belleza, el Perdón, el Amor. Capaz de Dios. ¿Acaso no es suficiente motivo para sonreír?

Comentarios

Entradas populares de este blog