No tienes que demostrar nada a nadie, no tienes que demostrar a nadie más que a ti mismo. No tienes que ser eternamente leal a nadie más que a ti mismo, a tu verdad, a tu sentir… a sentir(te) paz bailando en lo más profundo del corazón. No te esfuerces, no aparentes. Nace, nace en ti todos los días. Que te quieran, que te mimen, que te canten con cariño hasta el fin, y el que no sepa hacerlo que se aparte. Suelta. Grita a los cuatro vientos, “¡así soy yo! ¿y qué?” Grítalo fuerte, sintiéndote plenamente orgullosx de esas perfectas imperfecciones. Abraza tus errores y prémiate cada vez que lo vuelvas a intentar, porque ese esfuerzo es tu luz, tuya, no dejes jamás que nadie la apague. ¡Amate siempre! Llénate de amor, acaricia tu alma. Acéptate así, con todo, porque ese todo es lo que te hace único y especial, es ese todo lo que te inunda de magia, tu magia, tuya y de nadie más. No aparentes nunca ante nadie. No tienes que ser fiel a nadie mas que a ti mismo. Siempre tú, tú...
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la duda. esa que vemos como enemiga, la que invade nuestra mente como un tsunami sin previo aviso que derrumba todo a su paso, sin importarle donde o cuando. es la duda esa incertidumbre que en ocasiones nos come por dentro, la que nos mantiene flotando en mar de nadie y a la vez de todos. ese "sí" pero "no" que nos paraliza sin querer. te diré que realmente la duda no es más que dos "nosotros": el primero es ardiente, la verdad que sabe lo que necesitamos "ahora", un impulso retenido que canta en silencio; el segundo ese miedo que nos frena porque no sabemos el final del cuento, esa comodidad que nos inunda de calma e impaciencia al mismo tiempo, frenándonos. ¿el truco maestro para hacerla desaparecer? la vida, el corazón, cerrar los ojos y sentirnos. escuchar la voz que nos cuida, la que nos impulsa a seguir creciendo, aprendiendo de cada zambullida que damos en el alma. libres, decidiendo vivir mientras somos leales a ...
Como dije un día, creo que la única forma de conocer verdaderamente a alguien es dejando que nos regale un poquito de su pasado. Creo que las personas somos nuestro pasado viviendo en un presente que puede que determine nuestro futuro. Estamos llenos de células, músculos y huesos y todo ello construye la portada de nuestro libro, el gran libro de la vida. Aunque sinceramente creo que todo esto es muy secundario. Creo que las letras que marcan el compás de nuestro ser son todas aquellas batallas ganadas, las hazañas de un caballero que con valentía alentó a su princesa o las de esa guerra que grito fuerte a la vida y nunca jamás volvió a caer. Creo que estamos regordetes no de kilos, sino regordetes de tanto aprender, de aprender a caernos y levantarnos, de aprender a sonreír y también a respetar alguna que otra lágrima, de aprender a ser, a ser sin más, simples, con todo. Pero sobre todo de aprender a agradecer, porque si algo he aprendido es que cuando se cierra una ventana se ab...
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