Creo que en cierto modo las personas somos como el mar.

A veces embravecidas, otras calmadas. Veces en que queremos caminar lento, disfrutando de la vida y otras en las que vamos a mil por hora.
Al principio las olas empiezan a formarse, y como nosotros, lo hacen despacio y consciente, pues los aprendizajes que esta adquiriendo son importantes para la fuerza enorme que la levantará posteriormente.
Respira tranquila porque sabe que para crecer mucho y de verdad los aprendizajes deben ser lentos, cargados de emociones y también, aunque nos moleste, de un poco de impaciencia.

Después, las olas empiezan a crecerse, conscientes de que todo lo pasado las han ido haciendo cada vez más, más y más fuerte.

Hasta que llegan arriba y explosionan, estallando en calma , pisando fuerte, seguras de si mismas, gritando al mundo que ahora sí que pueden, que el tiempo y la espera les han dado las respuestas a todas sus incógnitas, que es perfecta y única, así, con todo, y que están llenas de paz.

Y así vuelven a repetir el ciclo para volver a inundar el mar de nuevos aprendizajes, batallas que las harán crecer todavía más, llegando a ser tan sabias como la vida, porque han sido valientes y se han atrevido a vivirla.

Ro Lorenzo Salvador.

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